Este capítulo es la introducción al estudio genealógico que realizamos sobre esta rama de la familia en Asturias. Todos los datos provienen de lo contado por mi abuela, salvo algunas fechas y nombres de los bisabuelos y tatarabuelos, que fueron encontrados en la investigación.
Mi abuela Sinforosa
Mi abuela se llamaba Sinforosa y había nacido en un pueblecito de Asturias, en el norte de España. Había acabado viniendo a Madrid con su marido y sus dos hijos. Cuando me contaba las historias de su vida en Asturias vivía en Madrid con nosotros, los tres hermanos y mis padres.
Me hablaba mi abuela de su pueblo, Ablanedo, del concejo de Salas. En este pueblo vivió de pequeña con su madre, que también se llamaba Sinforosa, y su abuela Florentina. Era un pueblo pequeño, en una zona muy montañosa y muy verde, pertenecía a la parroquia de La Espina, un pueblo más grande a unos 3 kilómetros, en donde, además de la misa de los domingos, se realizaban las bodas, los bautizos y los entierros de todos los pueblos de la parroquia, allí estaba también el registro de todos esos acontecimientos. Contaba mi abuela, que en la iglesia había una madera en la que ponía "de aquí no pasan los vaqueiros". Eso quería decir, que una parte de la población de la parroquia estaba discriminada y se tenía que colocar al final de la iglesia. Los vaqueiros eran ganaderos que cambiaban de vivienda dos veces al año para poder dar de comer al ganado, en verano en lo alto de las montañas, donde había pasto, y en invierno en un pueblo más bajo. Parece ser que una de sus residencias de invierno era el pueblo de La Espina.

La familia debió tener en algún momento un cordero, porque contaba mi abuela, que por la muerte de aquel cordero fue la única vez en su vida que lloró; después no volvió a llorar, ni por la muerte de su primer hijo, por falta de leche para alimentarlo; ni cuando murió su marido en Madrid, ni cuando murió mi padre. Como veis mi abuela era tremendamente dura, poco dada a historias imaginativas como las de las películas que me gustaban a mí, aunque era muy aficionada al serial radiofónico "Ama Rosa", "eso sí que es la vida real", me decía.
Sin embargo, parece que de jovencita usaba algo más su imaginación, me contaba que soñaba casarse con un negro.

Pero parece que no había negros en Asturias, y optó por un pretendiente de un pueblo vecino que era guardia civil; así podría salir del pueblo. Además, mi abuela siempre estuvo entusiasmada por lo militar. El guardia civil, que sería después mi abuelo, se llamaba Manuel, era del Pedregal, pueblo del concejo de Tineo, muy próximo al pueblo de mi abuela, que como recordaréis era Ablanedo, del concejo de Salas.
Los guardias civiles, dedicados a garantizar el orden y la seguridad ciudadana, cambiaban frecuentemente de destino. En los lugares de destino residían en cuarteles de la guardia civil.
Mientras fueron novios, mi abuelo escribía cartas a mi abuela. Pero mi abuela no sabía leer, ni tampoco su madre.

Pedir a alguien que le leyera las cartas del novio le daba una vergüenza terrible. Se animó a pedirle a una amiga que le leyera una carta, la memorizo y durante bastante tiempo se dedicó a descifrarla. De esta manera aprendió a leer.
Cuando yo la conocí no leía con excesiva rapidez, pero le gustaba mucho leer el periódico y enseño a leer con él a mi padre.

Mi padre aprendió a leer a los 3 años con las enseñanzas de mi abuela, y se ganaba unas perrillas cuando los admirados vecinos de Mieres le hacían leer las páginas del periódico.
Sin embargo, mi abuela no se conformó con que sus hijos supieran leer, hizo todo lo posible para convencer a mi abuelo de ir aceptando distintos destinos, hasta llegar a Madrid, y consiguió que sus dos hijos tuvieran estudios universitarios.

Un día, leyendo uno de esos periódicos que dejaba la gente, porque el dinero no daba para comprar periódicos, mi abuela se enteró del comienzo del proceso de beatificación de Fray Melchor García Sampedro. Fray Melchor era asturiano, había ido de misionero a Filipinas, y luego a China, y le habían martirizado en el Tonkin (ahora Vietnan) en 1858. Fue declarado santo en 1988.
Hablando de esto con su marido, mi abuela le contó que ella era de la familia del santo, y que el primer apellido de su abuela Florentina era el mismo que el de Fray Melchor. El apellido García Sampedro es compuesto y procede del concejo de Quirós, al sur de Asturias, no demasiado cerca del concejo de Salas, de mi abuela.
Mi abuelo se burlaba de ella diciéndola: "como puedes ser pariente del santo, tú, que has nacido en la Candanosa". Sin embargo, le dio curiosidad y se informó, comprobando que lo que decía su mujer era cierto. Contaba mi abuela, que a partir de entonces la trataba con más respeto.
Los padres de mi tatarabuela Florentina
La madre de mi tatarabuela Florentina (que tras nuestras investigaciones vimos que se llamaba Lucía) debía proceder de una familia pudiente, porque había quedado en la memoria de las gentes del pueblo los carros cargando con las enormes arcas que contenían el ajuar el día de su boda.
De su padre, el que llevaba el apellido García Sampedro, como el santo, sabemos que era jugador y que adquirió deudas en el juego.

Según nuestras investigaciones el padre de Florentina se llamaba Benito, y a su muerte, que debió ser temprana, los acreedores pasaron la deuda a la viuda.

La madre de Florentina, que sabía leer y escribir, firmó, perdiendo así la hacienda. Para Florentina, ese desastre había ocurrido por culpa de que su madre sabía leer. Así que decidió no enseñar a leer a su hija.
Aunque ahora pudiera parecer raro que mi abuela y su madre no supieran leer, estudiando los censos de sus tiempos, se ve que la rara era la madre de Florentina, no era normal que una mujer supiera leer.
Mi tatarabuela Florentina
A Florentina, mi tatarabuela, le ocurrió otra desgracia; se enamoró de un mozo de La Espina y se quedó embarazada de el. Pero el mozo partió hacia Cuba antes de nacer su hija. Aunque desde Cuba mandó una carta al cura párroco de la Espina reconociendo ser el padre de la niña, nunca volvió a España, murió pronto allí.

Recuerdo que me disgustaba bastante pensar en mi tatarabuelo, parecía cierto que no se había ido huyendo de la responsabilidad de tener una hija, puesto que había escrito la carta al cura reconociéndola. Si lo que quería era buscar fortuna en las américas, me parecía un descerebrado, ¿como podía dejar a su novia en esas circunstancias?. ¿Sería muy pobre y por eso no se podía casar con ella? En mis cuentos los padres muy ricos no permitían que su hija se casara con un pobretón.
Lo que es seguro, es que la vida no le resultó nada fácil a Florentina. En 1847, cuando nació su hija Sinforosa, ser madre soltera en un pueblo pequeño de Asturias era algo sumamente vergonzoso.

Para colmo, cuando unos años más tarde, teniendo su hija unos 5 o 6 años, fue a casa de sus parientes a reclamar su herencia, estos le pusieron mil excusas, diciendo que pasaban por unos momentos muy malos y desgraciados y por lo tanto no podían dársela, pero que podían quedarse con la niña. Salió Florentina con disgusto de la casa diciendo "No solo me quitan la hacienda, sino que pretenden quitarme a mi hija".
¡Como recordaba mi bisabuela Sinforosa esa casa! nunca había visto una casa así, tan grande, con enormes habitaciones y llena de muebles.
Mi bisabuela Sinforosa
Si mala fue la vida de Florentina, no menos mala fue la de su hija Sinforosa; nacer como hija de soltera ya la colocaba en un estrato inferior de la sociedad. Es posible que ni el nombre ayudara, que como os explicaré después, no le gustaba.
No era fácil en su caso encontrar novio entre los solteros del pueblo y acabó casándose con un mozo que no era del pueblo y que provenía de la inclusa. Mi bisabuelo se llamaba Manuel. Cuenta mi abuela que cuando ella nació y su padre iba a inscribirla en el registro, su madre le pidió que, por favor, no llamara a la niña Sinforosa; cuando volvió le preguntó: ¿como has llamado a la niña? y el le dijo: Sinforosa.

Mi bisabuelo Manuel hizo grandes esfuerzos para progresar y sacar adelante a la familia, tanto, que cortando un árbol se acabó rompiendo la columna y quedó paralítico. Mi bisabuela Sinforosa tuvo que hacerse cargo del marido paralítico, de la hija, casi recién nacida y de la madre.
Ya de muy mayor, mi abuela Sinforosa nos decía como daba gracias a Dios por la vida regalada que había llevado en comparación con la que había llevado su madre.
Hasta aquí lo que sabíamos de la familia. En próximos capítulos os contare los resultados de la investigación de muchas de las cosas que nos intrigaban, ¿cual era nuestra relación con la familia del santo?¿que era la Candanosa?¿porqué se había ido a Cuba el tatarabuelo?. Todo lo encontrado nos ha llevado a conocer bastante más, pero también a hacernos muchas más preguntas.
Os pongo a continuación un pequeño árbol genealógico de lo que os he contado:

A continuación el mapa de los concejos de Asturias, señalando en rosa el concejo de Salas. donde está Ablanedo (señalado con punto rojo) el pueblo de mi abuela Sinforosa. En azul el concejo de Quiros, donde vivió San Melchor García Sampedro, el punto rojo es su pueblo de nacimiento, Cortes.

En el próximo capítulo os explicaremos como comenzó la búsqueda de nuestras preguntas. La primera meta fue ir tras la pista del santo, nuestro posible "Tio Melchor"
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